Seguimos con la trilogía de posts dedicado en exclusiva a los Futuros. En el primero nos centrábamos en los conceptos más básicos de un contrato de futuros, mencionando sus tres características implícitas, los activos que se pueden negociar y, sobre todo, cómo gestionar el vencimiento. Lo tienes AQUÍ. 

El objetivo de hoy es entender la procedencia de estos productos financieros. Para ello vamos a retroceder unos cuantos pasos en la línea del tiempo. Nos toca viajar regresar unos cuantos años atrás y visitar a nuestros antepasados, como ya hizo Marty McFly en su Delorian.

¿Me acompañas en el trayecto? Empezamos.

El Comercio y el Trading en la humanidad

La base que sustenta los contratos de futuros son las relaciones comerciales entre humanos. Es imposible entender unos sin los otros. Los futuros no surgen antes del comercio, sino que fruto de la actividad comercial y para facilitar que ambas partes llegasen a acuerdos, terminaron surgiendo los futuros.

Por lo tanto lo que primero nos debemos preguntar es: ¿Desde cuándo existe el comercio? ¿Desde cuándo las personas se relacionan para alcanzar acuerdos de libre intercambio?

Te voy a confesar un truco que hago cada vez que me surge algún dilema que no comprendo sobre algunos comportamientos humanos. Siempre planteo la misma solución: regresar a la caverna y pensar cómo se las tenían que apañar hace miles de años para cumplir con sus necesidades básicas siguiendo los propios instintos de supervivencia.

En nuestra condición de mamíferos siempre hemos desarrollado la tendencia a agruparnos para ejercer protección sobre atacantes externos con una única finalidad: sobrevivir. Este instinto es uno de los más desarrollados en nuestra especie y por el que, en muchas ocasiones, sacamos fuerzas donde no las hay para superar las dificultades o creamos innovaciones y procedimientos que nos facilitan la existencia.

Por eso siempre buscamos superarnos, mejorar y progresar, porque significará que viviremos cada vez más y mejor. El afán de superación responde siempre a la misma finalidad: tratar de sobrevivir el mayor tiempo posible.

Para que te sitúes y veas las cosas con un poco más de perspectiva: la esperanza de vida hace 100 años apenas llegaba a los 50, hace 200 a los 40 y hace 400 años cualquier persona que naciera tenía muy pocas probabilidades de vivir más de 30 años.

¿Cómo se ha conseguido este impresionante avance en las condiciones vitales, acceso a la riqueza y, en definitiva, calidad de vida? El comercio es el protagonista y ya te avanzo que sin él no podríamos estar donde nos encontramos hoy en día.

El inicio del capitalismo está relacionado con la especialización del trabajo

Siguiendo con el habitante de la caverna, al principio los grupos sociales eran muy pequeños. Prácticamente todos tenían que saber de todo para cubrir las necesidades básicas.

Si querías comer carne tenías que cazar y hacer fuego para cocinarla, para beber agua debías construir cuencos y recogerla en el río y sólo vestías ropa si habías matado un animal, quedándote con sus pieles y confeccionándola a mano.

Poco a poco las organizaciones incrementan su tamaño, surgiendo así la especialización del trabajo. En un grupo de 5 personas no tenía sentido dividir las tareas, pero en uno 20 ya podían distribuirse, asignando a cada uno lo que mejor se le daba. De esta manera, repitiendo una y otra vez los procesos se mejoran los productos y la eficiencia en el proceso, creando más cantidad de unidades con menor esfuerzo.

Esto es lógico. Si pretendes plantar patatas por primera vez en tu vida y nunca has cogido una herramienta ni sabes qué admite el campo, por muchas semillas que siembres tu cosecha tendrá todas las de fracasar. Sin embargo, después de haberlo hecho varias veces ya conoces bien la tierra, la distancia entre tubérculos o la mejor época del año para hacerlo, consiguiendo mayor calidad y más alimento comestible.

Es en esta fase cuando aparece el comercio. Con el conocimiento suficiente trasladándose de generación en generación la comunidad ya no necesita a todos sus componentes dedicados a la agricultura para subsistir, por lo que surgen especialistas en nuevas disciplinas como la alfarería o la siderurgia.

Los excedentes de las cosechas comenzaron a intercambiarse con otros objetos en los que otras comunidades estaban especializadas. Podían ser armas para la defensa de la tribu, nuevos utensilios agrícolas, o incluso objetos de lujo como espejos o pendientes.

Es imposible datar de una fecha exacta de los primeros intercambios comerciales. Sabemos que su origen está íntimamente relacionado con el descubrimiento de la agricultura a finales del Neolítico (aproximadamente 3.000 años A.C.), pero ningún historiador es capaz de acotar las fechas más allá de cientos de años.

Además del intercambio de objetos o bienes consumibles, con el comercio surgen también las primeras sociedades capitalistas. La riqueza se puede almacenar (ahorro), por lo que comienzan los primeros préstamos e inversiones respaldadas por activos fiduciarios. Ya no se trata de sólo tener lo suficiente para vivir, sino de sentar las bases sobre las que se sustenta la civilización moderna.

Los primeros Contratos de Futuros y su evolución hasta hoy

En sus inicios el comercio era muy sencillo. Al no existir medios de cambio, los intercambios se daban objeto a objeto. Se conoce como el famoso «trueque». El problema radicaba en ser demasiado rudimentario. Mover grandes utensilios se convertía en demasiado costoso y pesado, dificultando en exceso las transacciones.

Para solventar este escollo surge la moneda. Asignando un precio fácil de interpretar el comercio alcanzó otro nivel, a partir del cual sólo seguiría creciendo.

Con la evolución y desarrollo de las sociedades y las relaciones comerciales aparecen nuevas formas más complejas de intercambiar productos. Ya no sólo se trata de cubrir unas necesidades básicas o hacer transacciones monetarias. Aparece la especulación en los mercados al asignar un valor incierto a los activos subyacentes, tanto presente como futuro. Es aquí cuando nacen los contratos de futuros.

Las primeras evidencias de contratos de futuros las encontramos en Egipto, sobre el año 1.750 a.C. Es un origen un tanto oscuro, puesto que están relacionadas con la trata de esclavos. Se preservan escritos en cuneiforme sobre tablas de arcilla que demuestran que se utilizaban contratos de venta a plazo con opciones añadidas para financiar y gestionar los riesgos de dichas transacciones.


Grabado egipcio en escritura cuneiforme

Otro antecedente histórico, posiblemente uno de los más difundidos (y cuestionados), de la utilización de contratos semejantes a futuros está dado por la narración que hace Aristóteles de una exitosa operación especulativa realizada por el filósofo Tales de Mileto.

Según se indica en el Capítulo IV del Libro I de Política, Tales – al preveer una abundante cosecha de aceitunas – Celebró en forma anticipada contratos con características propias a las opciones de compra modernas sobre los derechos de uso de las prensas para la extracción de aceite disponibles en Mileto y Quíos, enriqueciéndose luego con su venta tras cumplirse sus previsiones de produccción olivícola.

Se considera que el uso de contratos de futuros estuvo ampliamente difundido en la Antigua Grecia y Roma (27 a.C – 476 d.C) , especialmente para la provisión de trigo egipcio que permitiera alimentar a la creciente población.

Tras la caída del imperio y su posterior crisis y reconstrucción la evolución de estos derivados se toma un respiro, recobrando impulso durante el Renacimiento.

Los Futuros en la Edad Media

Damos un salto en el tiempo y nos situamos a Brujas – sede de una de las cinco ferias de Flandes – el principal centro financiero de Europa.

Tanto en esta villa flamenca como en Amberes tenemos registros de operaciones especulativas sobre cargamentos de granos aún embarcados o que descargarían en puerto en momentos futuros.

El siguiente gran hito histórico, y que no podemos pasar de sin mencionarlo, es la «Tulipomanía«. La primera gran burbuja de la historia enriqueció a productores y especuladores de la flor, pero también dejó incontables quiebras y proyectos arruinados. Se llegaron a intercambiar mansiones y artículos de lujo, como Oro, por bulbos de tulipanes. Con el crash de los precios y la posterior crisis económica que atravesó Holanda – el gobierno tuvo que acudir al rescate – los contratos sobre el precio futuro de los tulipanes fueron literalmente incumplidos, ante la imposibilidad de hacer frente a unos precios desorbitados.

Lo mismo sucedió con la famosa burbuja de la Compañía de los Mares del Sur. Todos los contratos de futuros sobre cargamentos y derechos de explotación quedaron vilipendiados al descubrirse como una auténtica estafa. Si quieres conocer un poco más sobre las grandes burbujas financieras de la historia pásate por este enlace : Las grandes burbujas financieras de la historia.

Es complicado encontrar continuidad a lo largo de la Edad Medieval, al tratarse de una época con constantes guerras y conflictos geopolíticos. Todos los avances conseguidos se destrozaban en apenas días o semanas con los asedios de ejércitos extranjeros, saqueando la riqueza y, por supuesto, destruyendo el comercio.

Sinceramente, agradezco no haber nacido en esos años donde la incertidumbre, el hambre y la pobreza estaban a la orden del día, con la mayoría de la población a merced de gobernantes caprichosos, sin respeto a la propiedad privada, al trabajo y al comercio y donde la supervivencia dependía de ser más fuerte que el rival de enfrente, pudiendo perecer en cualquier cenagal de mala muerte alejado de todos tus seres queridos.

En este contexto el desarrollo europeo quedó truncado al dedicar los estados la mayor parte de sus recursos a seguir expandiendo fronteras tratando de imponerse al resto, en lugar de apostar por el comercio y la paz.

Encontramos en Japón el primer contrato de futuros con todas las características de los futuros modernos:

  • Negociación con contrapartida centralizada
  • Liquidación periódica de pérdidas y ganancias
  • Contratos estandarizados

Es el año 1.650 y se trata de un contrato sobre arroz en la Bolsa de Osaka, el Dojima Rice Exchange.

En el Lejano Orienge del siglo XVII-XVIII el arroz tenía una doble función. Además de ser un producto básico de la dieta japonesa – costumbre que sigue vigente hoy en día, era aceptado como medio de pago de tributos por los señores feudales.

Los Primeros Mercados Regulados

Uno de los componentes imprescindibles de toda relación contractual es el árbitro. En caso de conflicto es importante contar con un mediador externo que sea imparcial entre ambas partes y que dicte veredicto cuando haya reclamaciones por incumplimientos.

En los contratos de futuros es, todavía si cabe, más necesario designar un juez. La naturaleza de los contratos de futuros induce a la trampa al haber fluctuaciones en los precios. En un escenario de subida de precios el comprador del futuro estará interesado en ejecutar el contrato ya que adquirió el producto más barato que en la actualidad, mientras que el vendedor se verá incentivado a incumplirlo ya que su producto vale más y puede venderlo más caro. El efecto contrario ocurre en las caídas: el comprador se retirará puesto que verá la posibilidad de comprarlo más barato y el vendedor estará encantado de haber realizado el trato a un precio alto.

Las cámaras de compensación surgen para cubrir estas deficiencias y evitar el pillaje, creando mercados eficientes y estables. Las tres funciones que han cumplido los reguladores desde sus inicios son las siguientes:

  1. Intermediar entre comprador y vendedor, aportando seguridad y certeza en la transacción.
  2. Asegurar que ambas partes cumplen sus derechos y obligaciones.
  3. Facilitar el comercio reservando un lugar donde realizar las transacciones.

Frente a la creencia popular de que estas instituciones son un invento moderno y que llevan muy poco tiempo operativas, al echar la vista atrás de nuevo encontramos que a nuestros antepasados ya se les ocurrió crear estos intermediarios para crear un comercio de calidad y no uno basado en la picaresca abocado al fracaso.

Regresando a la antigua Babilonia, los templos – además de ser lugares religiosos de culto – actuaban de primitivas cámaras de compensación. En ellos se depositaban las mercancías, validaban las cantidades y  calidad del producto, además de intermediar en los pagos cobrando las oportunas comisiones.

Ya en el medievo Génova fue pionera en establecer un sistema de pagos centralizados, sobre el año 1.100. Al ser una feria que reunía comerciantes de distintos lugares del mediterráneo con diferentes monedas, los tipos de cambio podían resultar caóticos. Un foro arbitral determinaba los tipos aplicables y liquidaba las compras y ventas de los feriantes.

Entre el Siglo XII y XV los mercados flamencos apostaron por la calidad y cantidad de los comerciantes eliminando los aranceles a extranjeros. Estas facilidades hicieron que las comarcas de Brujas y Amberes progresaran a pasos agigantados.  Las operaciones alcanzaron niveles de sofisticación nunca antes visto, pactando contratos similares a los swaps modernos.

El gobierno crea el primer Real Decreto que legaliza los contratos a plazo, incentivando la especulación y creando los primeros contratos por diferencias, liquidando pérdidas o ganancias sin necesidad de entrega física del activo subyacente. Esta característica es propia del trading moderno, similar a cuando operamos desde una plataforma de futuros y apostamos por subidas o bajadas del precio.

El nacimiento de los futuros en Chicago a través de la cuenca del Mississippi

Si América todavía no ha entrado en acción en este repaso de la historia de los futuros es por una simple razón: los Estados Unidos se fundaron en el año 1.776, fecha que hasta ahora ni siquiera hemos alcanzado.

Con millones de hectáreas sin población Estados Unidos se convierte en la tierra de las oportunidades. El objetivo de sus habitantes es construir un futuro mejor, donde los inmigrantes llegan a una tierra sin conflictos que les permite progresar. El comercio de productos y mercancías fluye como la seda en un país donde el Estado todavía no se ha desarrollado lo suficiente como para limitarlo.

La ciudad de Chicago fue pionera en establecer el que sería uno de los grandes mercados de futuros del mundo. Siendo un enclave estratégico en el comercio de pieles, en la década de 1.830s nace el proyecto que le situaría en el centro de la producción norteamericana: la construcción de un canal que uniera los ríos Chicago e Illinois, conectando los Grandes Lagos con la cuenca del río Mississippi. El país quedaba conectado de norte a sur gracias a este río plenamente navegable con el consiguiente desarrollo del comercio marítimo.


Recorrido del Río Mississippi

Un grupo de comerciantes estableció en 1848 el «Chicago Board of Trade» (CBOT) como un ámbito propicio para la celebración de negocios. No es un hecho novedoso puesto que los contratos de futuros llevaban siglos firmándose. Lo relevante de dicha institución radica en su longevidad: sigue vigente siendo uno de los principales mercados de futuros del mundo con productos como:

  • Tipos de Interés y Bonos Americanos (2, 5, 10, 50 años)
  • Materias primas agrícolas como la soja, el trigo o el maíz
  • Índices bursátiles como el futuro sobre el Dow Jones

A fin de aliviar el impacto de la estacionalidad en los precios de las materias primas, en 1.851 comienzan los contratos a plazos, rubricándose el primero el 13 de marzo sobre la entrega de un paquete de 3.000 búshels de maíz en el mes de junio.

En 1.859 CBOT recibe autorización estatal para actuar como agente de medición, pesaje e inspección de granos, y en 1.865 se formalizan los contratos con condiciones estandarizadas para todos los operadores del mercado. Es en este punto cuando nace la industria de futuros en los Estados Unidos.

Con la mecha encendida y lejos de caer en el inconformismo, en el año 1.872 se crea el Mercado de la Manteca y Queso de Nueva York, que a la postre se convertiría en el «New York Mercantile Exchange», también conocido como NYMEX. Al igual que CBOT, es uno de los grandes centros de negociación financieros globales, con productos destacados como el Gas Natural, el Petróleo Crudo o el Platino.

El segundo gran mercado de Chicago, el» Chicago Mercantile Exchange» – siglas CME – surge en 1.919 después de varias transformaciones. Empezó siendo un mercado exclusivamente agrícola, reconvirtiéndose en productos comestibles como huevos, manteca o panceta, entre otros.

El último gran mercado americano nace en 1.933, unos años antes de la Segunda Guerra Mundial. Emerge de la unión entre el New York Metal Exchange, el Rubber Exchange of New York, el National Raw Silk Exchange y el New York Hide Exchange. Esta alianza del Metal, la Goma y la Seda se concreta en el COMEX – Commercial Exchange – de Nueva York. Entre sus activos negociados actualmente distinguimos los principales metales preciosos como el Oro, la Plata o el Cobre.

Los Contratos de Futuros en el siglo XXI, la era de la información

La revolución tecnológica de los últimos 20 años nos está permitiendo vivir experiencias inimaginables hace poco más de una década. ¿Quién nos iba a decir que íbamos a poder hacer videollamadas en tiempo real con nuestros amigos o familiares, procesar ingentes cantidades de datos en milésimas de segundo o trabajar desde cualquier lugar del mundo con un ordenador portátil como única herramienta de trabajo?

Los hábitos, las relaciones sociales, la forma de consumir.. Todo ha cambiado. La forma de negociar los contratos de futuros no se ha librado de esta transición hacia una era digitalizada. Casi nos da la risa al pensar cómo en los años 80 necesitábamos contar con un agente presencial en las sedes de los mercados para entrar en el juego de los futuros.

Cada año el volumen de negociación aumenta respecto al ejercicio anterior, situándose ya por encima de los 44 billones de contratos intercambiados entre todos los mercados de futuros. Llevándolo a unos parámetros más cercanos, el volumen de negociación diario alcanza los 120 millones de contratos, lo que equivale a 5 millones de contratos cada hora, 85.000 cada segundo.

Estas cifras estratosféricas son el fiel reflejo de una sociedad que avanza pasos agigantados. El incremento de la renta per cápita mundial y, sobre todo, la erradicación de la extrema pobreza hace que la base de clase media con acceso al trading de futuros se amplíe significativamente. El rápido y fácil acceso a los mercados gracias a la tecnología es la otra pata que sustenta el banco. Es tan sencillo como abrir una cuenta a través de un bróker online probando tu dirección e identidad, depositar unos ahorros y comenzar a colocar órdenes. Los trámites se han agilizado de tal manera que en menos de una semana tu cuenta estará lista.

Cualquiera de los países desarrollados cuenta con su propio mercado de futuros. En el apartado anterior hablábamos de los «4 magníficos» de Estados Unidos (CBOT, CME, NYMEX y COMEX), los más legendarios y conocidos. No son los únicos, puesto que un mercado de futuros sano es símbolo de una sociedad avanzada.

En España los futuros corren a cargo de MEFF (Mercado Oficial de Opciones y Futuros Financieros en España), propiedad de la cotizada BME. Otros países latinos cuentan con sus propias cámaras de compensación. En México es el MexDer, en Colombia la BVC y en Argentina el ROFEX.

Los principales estados europeos también han creado mercados de futuros serios, estables y con productos de líquidos. EUREX, con sede en Frankfurt, es la mayor plataforma de futuros europeos, seguida de EURONEXT, la que aglutina los derivados franceses, holandeses, portugueses, belgas, irlandeses y noruegos.

El Trading de Futuros

Ahora que ya sabes bastante más que la gran mayoría de traders desinformados supongo que te estarás preguntando cuáles son los siguientes pasos antes de ponerte manos a la obra. ¿Cuáles son las mejores plataformas para el trading de futuros? ¿Cuánto apalancamiento llevan y cómo ponerlo a tu favor? ¿Qué tres inconvenientes tienen estos productos financieros?

Todos esos aspectos más prácticos relacionados con la operativa lo veremos en el siguiente post, con el que concluye la trilogía dedicada a los futuros.

Lo que sí te garantizo es que para aprovechar todo este conocimiento sobre los fundamentos de los futuros y tener el bolsillo un poco más lleno que cuando empezaste vas a necesitar un sistema de trading ganador con esperanza matemática positiva al enfrentarte al mercado. No solo eso, sino también trabajarlo todos los días bajando al barro y entrando en la dinámica de los grandes, estando guiado y supervisado por quien ya ha recorrido el mismo camino.

Hasta la fecha sólo has visto lo bonito que es el coche de carreras por fuera. Para conducirlo como un piloto profesional, sentirte envidiado por el resto y no estrellarte en la primera curva dejándote miles de euros por el camino entra ya en mi  CURSO AVANZADO DE TRADING SEMI-AUTOMÁTICO.

¡Un fuerte abrazo!

Enrique Mazón

Cara Enrique Mazón

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