Quien tiene un «por qué» para vivir,

Casi siempre encontrará el «cómo».

Cita de Viktor Frankl.

Fue un judío que sobrevivió al Holocausto, habiendo estado recluido en tres campos de concentración. Le obligaron a realizar trabajos forzados a la intemperie, con temperaturas bajo cero y sin ningún abrigo que le protegiera, mientras se consumía de hambre por la nula nutrición.

Es autor de uno de los mejores libros que han caído en mis manos: El Hombre en busca del sentido (1946).

 

«Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo la última de las libertades humanas: la capacidad de elegir qué actitud tomar ante cualquier circunstancia, para decidir su propio destino”.


 

El 21 de octubre del año 1600 tuvo lugar, según muchos historiadores, la mayor batalla que jamás se haya dirimido sobre suelo japonés. Más de 150.000 guerreros lucharon en la explanada de Sekigahara con un objetivo: determinar quién lideraría Japón los siglos venideros.

Con este enfrentamiento la guerra civil llegaría a su fin, después de una larga campaña militar en la que ambos oponentes asediaron castillos, tomaron posiciones sobre ríos para dificultar el comercio, o gravaban con injustos impuestos a las poblaciones ocupadas.

Al desenlace Japón entraría en el periodo de paz más largo ininterrumpido del que hay constancia: el período Edo. Fueron más de 250 años de tregua, desde el año 1603 hasta 1868.

 

En Sekigahara se dieron cita dos bandos: el ejército del Oeste y el ejército del Este

El ejército del Oeste estaba liderado por Toyotomi Hideyori, quien era hijo de Toyotomi Hideyoshi, el primer hombre que unificó el gran Japón en una sola nación. Su comandante, el Samurai Ishida Mitsunari, se había encargado de acudir mejor preparado que sus rivales, ya que contaba con cañones, un arma muy rara de ver en aquella época. Además, Mitsunari tuvo el honor de elegir cuidadosamente su posición en el lugar de la batalla.

El ejército del Este, que no aceptaba la descendencia de Hideyori como legítima, estuvo comandado por uno de los señores feudales más relevantes del país, Tokugawa Ieyasu. Era el líder del clan Tokugawa.

A las 4:30 de la mañana ambos ejércitos estaban listos para la contienda. Aquella madrugada una espesa niebla se adueñaba del campo de batalla, dificultando la visibilidad.

 

A pesar de que 40.000 combatientes habían sido desleales a Mitsunari en el último momento y no habían acudido, los planes del Samurai estaban saliendo a la perfección. Después de aguantar la primera embestida de Tokugawa dispararon los cañones. El ejército del Este retrocedió asustado por la potencia de las armas de fuego.

El siguiente movimiento sería asediar a su rival por los dos flancos, rodeándole y atacándole en el último momento por la retaguardia. Sus hombres se mantendrían firmes en el frente y por los laterales atacarían sus dos grandes aliados: 36.000 soldados del clan Mori y los 15.000 soldados del general Kobayakawa Hideaki. Tokugawa no tendría escapatoria, no podría escapar.

Lo que no esperaba Mitsunari es que, conforme avanzaban posiciones, sus tropas estaban cayendo en una trampa mortal. Se estaban adentrando en una ratonera sin salida.

 

Alrededor de las 11 de la mañana Mitsunari encendía las antorchas: era la señal que habían acordado con antelación para asestar el ataque definitivo

 

Entonces sucedió un giro decisivo en el transcurso de los acontecimientos.

Su aliado Kobayakawa Hideaki levantó la mano. Con ese leve gesto detuvo el avance de sus tropas.

El ataque pactado con Mitsunari nunca se llevaría a cabo.

 

El comandante Samurai Ishida Mitsunari había sido traicionado

 

Cuando la fatal noticia corrió entre las tropas del Oeste, rompieron filas derrumbados y comenzaron la huida, buscando refugio antes de ser alcanzados. Mitsunari, rodeado por sus generales más fieles, escapó a las montañas. Los vencedores avanzaban sin oposición, adueñándose de la explanada de Sekigahara.

A las 2 de la tarde la tarde Tokugawa Ieyasu daba por terminada la batalla, y por consiguiente la guerra. En los años venideros sería proclamado shōgun, la máxima autoridad política y militar en el país del sol naciente.

Tras regresar al campamento base llevaron a cabo el ritual de la victoria. Tokugawa y sus tropas cortaron la cabeza a los generales capturados, y las expusieron en una tabla lavadas, peinadas, y con un tinte aplicado en los dientes para ennegrecerlos. Era la forma de demostrar al resto de Japón quienes habían salido vencedores del conflicto.

Hoy en día hay un museo en la explanada de Sekigahara, en el que se exhiben armas, mapas y armaduras de la batalla. También levantaron un obelisco en el lugar donde se decidió la contienda, y ondean banderas con las insignias de los clanes samurái que estuvieron presentes. Pocos años después de este acontecimiento nacerían los primeros futuros sobre el arroz en la bolsa de Osaka.

 

Los futuros sobre las cosechas del arroz surgieron después de la batalla de Sekigahara, debido al gasto descontrolado en el que incurrieron los nuevos gobernantes de Japón

Los vencedores no se limitaron a ejecutar a sus oponentes en el campo de batalla, sino que persiguieron a quienes habían escapado. La sentencia más grave para la mayoría fue la pena de muerte, mientras que otros fueron condenados al exilio. Pero los castigos no terminaron ahí.

Tokugawa expropió feudos a 90 familias rivales, entregándoselos a quienes le habían sido fieles. Unos clanes quedarían relegados a la miseria hasta el fin de sus días, y otros pasarían a ser los nuevos ricos.

Los recién proclamados nobles entraron en una vorágine de consumo y ostentación sin límites. Competían entre ellos mismos por mostrar al vecino quién tenía la mejor mansión, o qué familia podía permitirse los mayores lujos.

 

Los nuevos gobernantes y señores feudales sufragaban su alto nivel de vida gracias a la recaudación de los impuestos al arroz, la mayor industria del país. Los campesinos pagaban a los dueños de las tierras unas tasas por trabajarlas, además de entregar una parte de la producción.

Pero ningún dinero es eterno si quien lo gasta tiene un agujero en el bolsillo, por donde sale igual que entra. Pronto los fondos se acabarían y las cuentas públicas del estado nipón entrarían en números rojos. Como la recaudación de un año no era suficiente para satisfacer sus necesidades, buscaron nuevas fuentes de ingresos para no caer en la ruina.

Entonces se les ocurrió crear un mecanismo para anticipar los ingresos de futuras cosechas, lo que inicialmente se llamaron «cupones de arroz vacíos». Consistían en cobrar la cosecha de arroz por anticipado, sin entregar la materia prima en el momento de la compra. Estos acuerdos fueron los primeros contratos de futuros públicos sobre el arroz negociados en Japón.

En esta viñeta escenifico la negociación del precio arroz dentro de 6 meses, cuando el productor venderá su cosecha al mayorista. Es un ejemplo de un contrato de futuros. Fuente: creación propia.

 

Dichos cupones de arroz vacío ganaron popularidad, extendiéndose a lo largo y ancho del Japón. Llegaron a la bolsa de Osaka, donde se creó una división para intercambiarlos, el Dojima Rice Exchange. El Dojima obtuvo su primera licencia oficial por parte del Shogunato (el gobierno de Tokugawa) en 1697, siendo éste el primer mercado de futuros oficial del mundo respaldado por un gobierno.

El Dojima Rice Exchange cobró especial relevancia durante los gobiernos del clan Tokugawa, ya que el arroz continuaba siendo la herramienta de pago principal, más importante incluso que la moneda. El Dojima fue uno de los impulsores de la economía japonesa, que crecía a un ritmo nunca antes visto. Y los futuros sobre el arroz eran uno de sus pilares.

Es curioso que un futuro del Nasdaq 100 que puedes adquirir en tu bróker no se diferencia tanto de los contratos de futuros sobre el arroz que se negociaban en el Dojima hace 300 años. Sus características eran muy similares. Aquí puedes ver alguna de ellas:

 

#1. Había un mercado centralizado – la bolsa de Osaka – , que daba seguridad a los comerciantes

Al igual que para adquirir un contrato sobre el petróleo acudes a CME (Chicago Mercantil Exchange), quien garantiza que las partes cumplen con los compromisos que han adquirido al colocar sus órdenes de compra y venta. O, cuando entras en los futuros del Ibex35, sabes que el Mercado Oficial de Futuros y Opciones, supervisado por la CNMV y el Ministerio de Economía de España, velará porque la transacción se lleve a cabo.

#2. Se liquidaban periódicamente las pérdidas y las ganancias

No esperaban al vencimiento del contrato para desembolsar la cantidad completa, sino que se preveían pagos intermedios según la fluctuación de los precios. Como cuando entras en un futuro del Euro-Dólar, que cada día el dinero de tu cuenta ha variado.

#3. Los contratos eran estándares, tenían las mismas condiciones para cualquier agente

Es lo mismo que sucede con todos los contratos de futuros actuales. Por ejemplo, un futuro sobre el Dow-Jones siempre tendrá un tick value de 5 dólares, vencerá en los terceros viernes de mes, y no cotiza los fines de semana.

 

Con un mercado de futuros sobre el arroz cada vez más sano en el que los participantes se multiplicaban, nacerían las velas japonesas de la mano de Munehisa Homma (1724 – 1803). Las velas japonesas estuvieron tan bien diseñadas para trasladar la información que contiene un activo financiero, que todas las plataformas de trading la incluyen hoy en día, 3 siglos después de su invención. Un rápido vistazo a una vela japonesa te permite saber a qué precio abrió un activo y a cuál cerró, y cuales fueron el máximo y el mínimo en el que llegó a estar cotizando.

Munehisa Homma era un fiel convencido de que los precios necesitaban la información rápida y fiable para reflejar fielmente la realidad. Por ello organizó una cadena humana que unía los 800 kilómetros entre Sakata y Osaka, posicionando hombres cada 6 kilómetros con una misión: transmitir las noticias lo más rápido posible de norte a sur y de sur a norte. El creador de las velas japonesas fue un hombre adelantado a su tiempo, y terminaría asesorando al gobierno nipón en asuntos financieros y recibiendo la importante condecoración de Samurái honorario.

Por su parte, el Dojima se mantuvo operativo en Japón casi 250 años, hasta que en 1939 la Agencia Gubernamental del Arroz absorbió sus funciones.

La cadena humana que organizó Munehisa Homma para trasladar la información sobre las cosechas de arroz a los precios. Tardarías 7 días en recorrerla caminando, sin tomar ningún descanso. Homma también fue el creador de las velas japonesas, una de las mejores herramientas para hacer trading.

 

Tú puedes ganar dinero especulando con futuros gracias al auge del comercio. Nunca ha sido, y nunca será, al revés

Esta historia sobre la primera casa oficial de intercambio de futuros te hace ver que los futuros no se crearon para que tú los compraras y vendieras en un par de clicks desde el sofá de casa, no. Los contratos de futuros cumple una función: facilitar un intercambio real de un producto, sea cual sea. Podemos estar hablando de los tipos de interés americanos a 12 meses vista, de compra y venta de barriles de petróleo dentro de 3 años o, como es el caso, de asegurar el precio sobre las cosechas venideras de arroz.

También quiero incidir en que el Dojima fue la primera institución oficial, pero los contratos de futuros llevan existiendo desde que el humano es humano. Como especie siempre hemos tenido la necesidad de comerciar, intercambiando bienes o servicios entre nosotros. Una transacción primitiva tan sencilla como entregar un dinero anticipado a cambio de fabricar un arma con la que salir a cazar, es un contrato a futuro.

Ya en la antigua Babilonia – 2000 años antes de Cristo – los templos tenían una segunda función, además del culto a Dios. Eran las cámaras de compensación, en las que se garantizaba un comercio de calidad. En el templo los mercadores depositaban el producto y los funcionarios validaban las cantidades y las calidades, antes de entregarle la mercancía al comprador final.

templo babilonia

La ciudad antigua de Babilonia estuvo situada en lo que ahora conocemos como Irak. Sus templos guardan unos diseños muy característicos.

 

Este salto en el tiempo de 4.000 años atrás nos permite comprobar que las cámaras de compensación, los árbitros comerciales, o los acuerdos a futuro no son inventos modernos que nacieron en un banco de inversión de Wall Street, no. El libre comercio siempre ha sido y siempre será el motor de cambio para que una sociedad prospere. Es la principal razón por la que tantos millones de personas han salido de la pobreza extrema.

Gracias al comercio nos beneficiamos de una revolución tecnológica que nuestros antepasados jamás hubieran logrado imaginar. Si tus bisabuelos supieran que puedes hacer una videollamada con alguien que está al otro del mundo, y hacerlo gratis, alucinarían en colores. Y todo ello es gracias al comercio libre entre personas, sin coacciones, con acuerdos en los que ambas partes salen beneficiadas (a pesar del rol paternalista que está adoptando la fuerte intervención de los estados modernos en el último siglo, destruyendo los pilares sobre los que se construyó la sociedad del bienestar).

Ya dijo el genio Milton Friedman que la fabricación de un simple lapicero ha coordinado a miles de personas en todo el mundo, sin que éstos ni si quiera lo supieran. Este «milagro económico» hace que la herramienta para escribir te cueste menos de un euro en la papelería de la esquina. Un coste ridículo para todo el movimiento que ha conllevado su creación:

 

Con los impresionantes avances de la civilización, los mercados de acciones, futuros u otros instrumentos derivados, siguen incrementando su liquidez año tras año. Sólo el último ejercicio se negociaron 44 billones de contratos de futuros. Lo que equivale a 120 millones de contratos al día, 5 millones cada hora, 85.000 cada segundo.

Esta buena salud ha reducido los costes exponencialmente, y es que entrar en el mercado de futuros (o en el de acciones, CFD o divisas), es más barato y más accesible que nunca. Lo que te beneficia si haces trading.

La cuestión es… ¿para qué te puede interesar comprar un futuro sobre el Oro? Si no vas a almacenar las onzas del metal dorado, ni tampoco tienes una mina en propiedad, por lo que no necesitas cubrirte el riesgo de fluctuación en los precios.

 

La buena noticia es que puedes ganar dinero especulando con el movimiento de los precios. Entre los miles de millones que se mueven cada día intercambiando materias primas, o acciones, o divisas, tú puedes entrar sigilosamente a coger unos eurillos y salir corriendo cuanto antes, con el bolsillo un poco más lleno. Porque los precios siguen ciertos patrones de movimiento, y esos patrones puedes estudiarlos.

Ahora bien, entrar al mercado así por que sí, pensando que un hada madrina te está esperando para recompensarte porque tú te lo mereces, es un error manifiesto. Si no vas preparado a la guerra con las mejores armas, date por fastidiado.

En el Curso de Trading de esta Academia trabajamos sobre uno de los patrones que el mercado repite una y otra vez: los retrocesos después de un impulso bajista, y las correcciones después de los impulsos alcistas. Detectando las zonas de parada de los precios, sabiendo por qué las manos fuertes toman decisiones, y apoyándote en una herramienta matemática que hace el trabajo sucio por ti, podrás darte alguna alegría de vez en cuando. Tienes más información sobre el Curso de Trading de 6 meses aquí:

 

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